La gula

Existía en Puerto Varas en aquellos años una cafetería en los altos del edificio Consistorial.

 A ella se accedía por el ascensor  y se llegaba a la puerta de un Departamento,
donde al tocar el timbre, aparecía el dueño del local, quien después de un
breve interrogatorio, abría la puerta y permitía el paso del comensal,
ubicándolo en una mesa que a él le parecía la adecuada.
 

 Iba yo, por la recomendación de quienes conocían el lugar, a probar las diversas exquisiteces en repostería y manjares de todo tipo, cuyo suave aroma deleitaba desde el ingreso. 

 Se destacaba el local, como algo reservado, pulcro y de un silencio que permitía la conversación en susurro, sin miedo a no ser escuchado. 

 Después de elegir un café especial acompañado de un Kuchen propio de ese lugar, paso al baño para lavarme las manos y poder comer adecuadamente. 

 Vuelvo a mi lugar y me siento esperando la repostería elegida.

De pronto veo venir al dueño directamente a mi mesa y me solicita educadamente que lo acompañe al baño. 

  Me hace pasar y me indica al lado del lavatorio un pequeño colgador con una toalla diminuta y me pregunta:  “¿ sabe lo que es eso?. Lo miro y le respondo negativamente. 

 “Es para esto…”, al decirme aquello, procede a secar el espejo y el lavatorio que recientemente había yo ocupado y que en mi descuido como persona “del norte” había dejado adecuadamente regado.  Me dice a continuación: “ usted es joven y no
es de aquí, si viene de nuevo, trate de dejar limpio como lo encontró”. Ante mi
muestra entre asombro y molestia continúa: “si hace esto, será siempre Bienvenido, si no, recuerde que esta es mi casa y yo le abrí la puerta”.
 

 A buen entendedor …. Le dí las gracias y volví a mi mesa, perdón, a la mesa que él me asignó, y probé los manjares elegidos y mi café. 

 Mientras estuve en el Sur, volví siempre, mejor educado, a probar todas las exquisiteces que mostraba la confitería.  Al mirar el pañito en el baño, me sonreía y
pensaba…. “la fuerza de LA GULA”…

Estos pasajes los muestro, porque otras actitudes llevan al enojo y no se sacan buenas conclusiones….  Lo que me ocurrió es muy común en nuestras ciudades, es cosa que miremos los baños de los paradores del camino…. hay que aprender. “las cosas hay que dejarlas limpias, para el que use el baño después lo encuentre limpio” y a su vez haga lo mismo. A nuestro país le hacen falta muchos ejemplos como éste, sabemos sólo nuestros derechos y el resto…, que se pudra…